domingo, 28 de junio de 2026

LA JUNTA DE EXTREMADURA TIENE LA OBLIGACIÓN DE LLEVAR A CABO LA PLANIFICACIÓN Y EL DESARROLLO INDUSTRIAL DEL TERRITORIO.

 


1.-La planificación territorial del Estado Español es sumamente compleja puesto que el poder está dividido y organizado en instituciones cada una con sus competencias: los ayuntamientos, las diputaciones, las comunidades autónomas y el estado.  Esta división favorece que el pueblo esté alienado y alejado de la toma de decisiones que afectan a su vida cotidiana. Sin embargo, no puede haber desarrollo industrial sin planificación económica, no puede haber desarrollo agrícola en Tierra de Barros sin una reforma agraria y una ordenación parcelaria racional; en definitiva, no puede haber ningún proceso de desarrollo económico racional sin planificación territorial.

2.-El progreso industrial del territorio es indispensable para evitar el abandono del mundo rural, así como, asegurar los suministros básicos alimenticios y las cadenas de valor, cuestión esencial para que el tejido productivo sea sostenible. En la región extremeña es necesario que el gobierno regional establezca a una estrategia de desarrollo industrial que supere las desigualdades sociales y territoriales. La contribución de los ayuntamientos no puede ser la de comprar los terrenos y ponerlos a disposición de la Junta. Aunque su ámbito de actuación es muy limitado tienen que pelear para poder participar en la regulación de muchos aspectos que tienen que ver con la vida ciudadana.

3.-En este orden de cosas, el alcalde y los concejales no pueden estar al margen de las necesidades básicas de la población, ya sea en materia sanitaria, educativa, transporte, o de servicios públicos. Tienen que luchar para que en los centros de salud y en los hospitales, haya un número adecuado de profesionales sanitarios, especialistas, trabajadores de limpieza, administración y de otros servicios. No pueden aceptar la dependencia de la voluntad política y deseos de la Junta de Extremadura. Los cargos públicos como responsables están obligados a luchar, reclamar, concienciar y movilizar a los ciudadanos para que los servicios públicos estén bien dotados.

4.-Otro asunto, es el referente al desarrollo industrial del Municipio. Este desarrollo industrial no puede venir del esfuerzo que realizan los municipios destinando parte de sus presupuestos, remanentes o mediante empréstitos, a la compra de terrenos públicos, que luego, después de urbanizados, los venden a precio de saldo a industriales. Los ayuntamientos no pueden caer en esta trampa con la justificación de que buscan el empleo para la gente de los pueblos. El desarrollo industrial de nuestras localidades tiene que estar impulsado, planificado y organizado por la propia Junta de Extremadura. Estas instituciones son las que deberían desarrollar con sus medios económicos y técnicos, que los tienen, una adecuada planificación de todo el proceso de establecimientos de actividades industriales, desde la compra de los terrenos a cuantas medidas sean necesarias para poner en marcha industrias en nuestras localidades. Esto debería estar programado en los propios presupuestos regionales.

5.-La falta de una planificación económica territorial por parte de la Junta de Extremadura determina que sean los municipios más fuertes económicamente los que puedan propiciar el progreso industrial de su localidad, dando paso a una anarquía en la instalación de industrias. Los ayuntamientos podrían atender necesidades básicas elementales de la población con los fondos empleados en las iniciativas industriales. De este modo, dejando todo a la libre iniciativa municipal, se genera una tremenda desigualdad en el desarrollo industrial de los pueblos, haciendo que impere la anarquía en el crecimiento económico, dando opción a que las localidades más grandes progresen en función de sus posibilidades económicas, determinando que las más pequeñas queden abandonadas, algo que ya está ocurriendo, cuando unas avancen de forma más rápida que otras, con la acentuación en nuestro propio territorio regional de las desigualdades territoriales que se establecieron en el conjunto del estado español, y el abandono de los pueblos más pequeños.

 

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