lunes, 12 de enero de 2026

NO HAY SOBERANÍA ALIMENTARIA SIN REFORMA AGRARIA, SIN TRANSFORMACIÓN DEL ESTADO.

 


La reforma agraria es un elemento imprescindible para que algunos territorios del Estado Español como Andalucía y Extremadura salgan de su situación de atraso y para que a nivel estatal alcancemos la soberanía alimentaria, y vayamos creando las bases políticas que nos permitan avanzar hacia la sociedad socialista.

1.- Los cambios llevados a cabo en la propiedad de la tierra con las desamortizaciones del siglo XVIII, XIX, durante la Primera y Segunda República no lograron arrancarla de manos de latifundistas y terratenientes. El franquismo con sus planes de desarrollo y sus leyes agrarias consolidó la dictadura del capital sobre la tierra. Los recientes avances tecnológicos que han modernizado la agricultura, tampoco han cambiado el desigual reparto de la tierra, ni beneficiado al conjunto de la población. Esta distribución de la propiedad ha tenido una enorme influencia en la postergación económica y social de Extremadura y en la emigración de casi el 50 o 60 % de la población extremeña.

2.- Las políticas de los gobiernos conservadores y socialdemócratas durante la Monarquía Borbónica han seguido expulsando a cientos de miles de campesinos de sus tierras, colaborando en el proceso de concentración y centralización de la tierra, propiciando la entrada de grandes empresas energéticas y fondos de inversión que se están apropiando a marchas forzadas de los recursos naturales, tierra, agua y sol, compartiendo sus beneficios con las grandes superficies y cadenas de comercialización.  Uno de los pilares del poder político y económico sobre el que se asienta la Monarquía Borbónica es el de los latifundistas y los terratenientes, dueños de la tierra en Andalucía y Extremadura, ligados íntimamente a la burguesía industrial y financiera.

3.- Las políticas de la UE continúan machacando a los agricultores españoles y europeos con medidas y acuerdos que reducen sus ingresos y les arrebatan sus medios de producción. Los agricultores europeos sufren el acoso de la UE que representa el poder condensado de las grandes industrias europeas, especialmente alemanas, interesadas en la importación de productos agrarios de terceros países que al ser más baratos permiten bajos salarios, a la vez que amplían sus mercados para exportar sus producciones industriales. En este sentido se explican los acuerdos de la UE con Mercosur.  La entrada masiva de productos agrícolas y ganaderos de los países de Mercosur enviarán a la ruina a miles de pequeños y medianos productores, incapaces de aguantar la avalancha de importaciones más baratas procedentes de los países del Mercosur, favoreciendo la acumulación de capital por los Fondos de Inversión y Latifundistas. 

4.- Nuestra defensa política de la Soberanía Alimentaria nos pone al lado de los agricultores del estado español, nos enfrenta a los Fondos de Inversión y las Multinacionales, y nos sitúa políticamente contra este acuerdo reaccionario UE- Mercosur. En Extremadura, estamos al lado de las organizaciones agrarias que enfrentan este acuerdo y luchan contra un conjunto de decisiones, normativas y leyes regionales que hay que modificar en un sentido democrático. Algunos ejemplos, la Ley Agraria de Extremadura que condiciona el reparto del agua en períodos de sequía para las grandes propiedades, la Ley de Cooperativas que permite a las empresas constituir cooperativas para controlar después el cooperativismo de 2º grado como sociedades limitadas, los fondos estatales para el Desarrollo Rural (PEPAC) que al ser gastos cofinanciados no se aplican para no imponer impuestos a las grandes patrimonios o empresas energéticas como se hace en otros territorios (Cataluña), la falta de aplicación efectiva de la Ley de la Cadena Alimentaria que se pasan por el forro las grandes corporaciones compradoras de productos agrarios siendo castigadas con multas irrisorias prefiriendo ser multadas y continuar pagando precios irrisorios, la redistribución por superficie de las subvenciones de la PAC que beneficia a los Fondos de Inversión y Latifundistas que les faculta para realizar acaparamientos de tierras de campesinos arruinados, no hay una Ley de Seguros Agrarios que garantice las rentas agrarias ante fenómenos meteorológicos adversos, las subvenciones estatales y regionales a las plantaciones de olivares súper intensivos que arruinan al olivar tradicional al medio ambiente y desmineralizan las tierras, etc. 

5.- En definitiva, este estado de cosas nos obliga a trabajar por la fortaleza de SOBERANÍA Y TRABAJO, como organización política capaz de influir en las decisiones que tienen que ver con el campo y el mundo rural. Sin embargo, partimos de un punto en donde la característica notable es la débil fuerza política que tienen las clases trabajadoras en la sociedad, en los gobiernos locales, regionales y estatales. Una cuestión asumida popularmente es la necesidad de la soberanía alimentaria, la producción de alimentos y la importancia de los agricultores. En este marco entra la Reforma Agraria. Una reforma agraria que implica no sólo un cambio de la actual distribución de la propiedad de la tierra, sino un amplio espectro de cuestiones técnicas y legales decididas democráticamente. Luchar por la reforma agraria es luchar por la soberanía alimentaria, es reprobar los pilares del sistema monárquico y de la UE, es abrir paso a la construcción de nuevas instituciones que modifiquen, entre otras cosas, las estructuras de funcionamiento de la producción de alimentos y de la propiedad de la tierra. Caminar en esta dirección es comenzar a recuperar en el imaginario popular, la idea de la Reforma Agraria.

6.- No hay soberanía alimentaria sin reforma agraria. Proyectar sobre la sociedad las ideas de soberanía alimentaria es fundamental para recuperar en la población la concepción de la reforma agraria. La soberanía alimentaria va ligada al bienestar de las clases trabajadoras, un elemento fundamental que une los intereses de los jornaleros, agricultores y trabajadores de las ciudades. La reforma agraria y la soberanía alimentaria van asociadas a la producción de alimentos de calidad, a la satisfacción de necesidades básicas de la población, a la creación de bienestar y suficiencia económica de los productores agrarios y ganaderos. No se consigue soberanía alimentaria mientras que la ruina persiga a los agricultores y abandonen sus tierras, mientras persista el control sobre los precios que imponen intermediarios especuladores y las grandes superficies, mientras continúen las desiguales subvenciones agrarias de la Unión Europea, mientras siga el acopio de tierras de los grandes propietarios agrarios tradicionales, fondos de Inversión internacionales y dueños de industrias agroalimentarias transnacionales. En definitiva, si las decisiones políticas acerca de la producción de alimentos están en manos de la UE y de las grandes corporaciones económicas.

 7.- La reforma agraria no es una decisión puntual, aislada, que decide un gobierno de la noche a la mañana. Es un proceso de lucha de clases, en el que las clases trabajadoras y sectores populares como instrumento de poder, adquieren una influencia decisiva en la estabilidad política, económica y social de un Estado. Este proceso sería imposible sin la previa unidad de las fuerzas sociales y políticas progresistas interesadas en remover la inercia institucional y las resistencias de los grandes propietarios. Algunos elementos del proceso de reforma agraria:

- Un Plan estatal y regional para la dotación plena de servicios públicos, infraestructuras físicas y comunicaciones en las zonas, comarcas y pueblos del mundo rural. El plan debe llevar pareja la construcción de centros sanitarios y residencias para mayores y dependientes. Así mismo, son necesarias residencias temporales dignas y con todos los servicios al objeto de alojar a aquellas personas que sean necesarias con el motivo de recoger cosechas en momentos.

-Una reforma agraria en nuestros días tiene que proceder al reparto de tierras, con unos topes máximos de las fincas agrarias teniendo en cuenta factores como territorio y/o nacionalidad, usos y costumbres, pero también tipos de cultivos de las zonas y sus necesidades.

- La comercialización es clave y a tal efecto es imprescindible la fijación de unos precios justos desde los poderes políticos, rescatando y haciendo publica la red de mercados locales, nacionales y estatales. Los mercados de abastos públicos son necesarios y mucho más justos para con los ciudadanos y ciudadanas consumidoras. Buscar el abastecimiento directo a consumo humano y ganadero y a tal efecto apoyar y potenciar las cooperativas de directa campo-localidad.

            - Potenciar el papel de las mujeres rurales y la incorporación de jóvenes a la producción agraria. La permanencia de la mujer en las zonas rurales es clave como impulso modernizador de cambio.

- La creación de una Banca Pública para la concesión de créditos para jóvenes y mujeres dispuestas a incorporarse o permanecer en el campo, para el acceso a la vivienda, etc.

-Control estatal o regional de las materias primas para la producción agraria, insecticidas, semillas, maquinarias, abonos, etc.

-El impulso al cooperativismo democrático es muy importante en el sector agrario. Las cooperativas tanto de asociaciones de productores y productoras como de productores que trabajan colectivamente en las tierras repartidas y/o confiscadas a acaparadores, terratenientes y multinacionales especulativas. Garantizar que las propias entidades cooperativas se encarguen de todas las cadenas de valor que no sólo sean cooperativas de producción sino que se encarguen también de la distribución, consiguiendo así la disposición de los productos por parte de los agricultores socios de estas cooperativas(teniendo por ejemplo las cooperativas su propia flota de camiones y transportes ).

- Para lograr el objetivo de la soberanía alimentaria hay que llevar a cabo una lucha directa y clara contra la especulación de los grandes intermediarios y superficies que juegan con los cereales, el trigo, arroz, soja o maíz como elementos de control y especulación mundial.

-Crear en las universidades públicas departamentos de agricultura que investiguen la producción agraria y su mejora con carácter y respeto al medio ambiente. Así, como un estudio serio de insumos y abonos de natural, pero que a su vez eviten las plagas.

- En definitiva, una reforma agraria implica la creación de una serie de instituciones y mecanismos para la transformación de las bases políticas y sociales del mundo rural, para lograr una influencia en la vida de los trabajadores y trabajadoras de la ciudad. La producción de alimentos suficientes y una soberanía alimentaria son factores decisivos para el bienestar de las clases trabajadoras que viven las ciudades. La reforma agraria implica la ligazón y la unidad del mundo rural con el urbano.