La
reforma agraria es un elemento imprescindible para que algunos territorios del
Estado Español como Andalucía y Extremadura salgan de su situación de atraso y para
que a nivel estatal alcancemos la soberanía alimentaria, y vayamos creando las
bases políticas que nos permitan avanzar hacia la sociedad socialista.
1.-
Los cambios llevados a cabo en la propiedad de la tierra con las
desamortizaciones del siglo XVIII, XIX, durante la Primera y Segunda República no
lograron arrancarla de manos de latifundistas y terratenientes. El franquismo
con sus planes de desarrollo y sus leyes agrarias consolidó la dictadura del
capital sobre la tierra. Los recientes avances tecnológicos que han modernizado
la agricultura, tampoco han cambiado el desigual reparto de la tierra, ni beneficiado
al conjunto de la población. Esta distribución de la propiedad ha tenido una enorme
influencia en la postergación económica y social de Extremadura y en la
emigración de casi el 50 o 60 % de la población extremeña.
2.-
Las políticas de los gobiernos conservadores y socialdemócratas durante la
Monarquía Borbónica han seguido expulsando a cientos de miles de campesinos de
sus tierras, colaborando en el proceso de concentración y centralización de la
tierra, propiciando la entrada de grandes empresas energéticas y fondos de
inversión que se están apropiando a marchas forzadas de los recursos naturales,
tierra, agua y sol, compartiendo sus beneficios con las grandes superficies y cadenas
de comercialización. Uno de los pilares
del poder político y económico sobre el que se asienta la Monarquía Borbónica es
el de los latifundistas y los terratenientes, dueños de la tierra en Andalucía
y Extremadura, ligados íntimamente a la burguesía industrial y financiera.
3.-
Las políticas de la UE continúan machacando a los agricultores españoles y
europeos con medidas y acuerdos que reducen sus ingresos y les arrebatan sus
medios de producción. Los agricultores europeos sufren el acoso de la UE que representa
el poder condensado de las grandes industrias europeas, especialmente alemanas,
interesadas en la importación de productos agrarios de terceros países que al
ser más baratos permiten bajos salarios, a la vez que amplían sus mercados para
exportar sus producciones industriales. En este sentido se explican los
acuerdos de la UE con Mercosur. La
entrada masiva de productos agrícolas y ganaderos de los países de Mercosur enviarán
a la ruina a miles de pequeños y medianos productores, incapaces de aguantar la
avalancha de importaciones más baratas procedentes de los países del Mercosur,
favoreciendo la acumulación de capital por los Fondos de Inversión y
Latifundistas.
4.-
Nuestra defensa política de la Soberanía Alimentaria nos pone al lado de los agricultores
del estado español, nos enfrenta a los Fondos de Inversión y las
Multinacionales, y nos sitúa políticamente contra este acuerdo reaccionario UE-
Mercosur. En Extremadura, estamos al lado de las organizaciones agrarias que
enfrentan este acuerdo y luchan contra un conjunto de decisiones, normativas y
leyes regionales que hay que modificar en un sentido democrático. Algunos
ejemplos, la Ley Agraria de Extremadura que condiciona el reparto del agua en
períodos de sequía para las grandes propiedades, la Ley de Cooperativas que
permite a las empresas constituir cooperativas para controlar después el
cooperativismo de 2º grado como sociedades limitadas, los fondos estatales para
el Desarrollo Rural (PEPAC) que al ser gastos cofinanciados no se aplican para
no imponer impuestos a las grandes patrimonios o empresas energéticas como se
hace en otros territorios (Cataluña), la falta de aplicación efectiva de la Ley
de la Cadena Alimentaria que se pasan por el forro las grandes corporaciones
compradoras de productos agrarios siendo castigadas con multas irrisorias
prefiriendo ser multadas y continuar pagando precios irrisorios, la
redistribución por superficie de las subvenciones de la PAC que beneficia a los
Fondos de Inversión y Latifundistas que les faculta para realizar acaparamientos
de tierras de campesinos arruinados, no hay una Ley de Seguros Agrarios que
garantice las rentas agrarias ante fenómenos meteorológicos adversos, las
subvenciones estatales y regionales a las plantaciones de olivares súper
intensivos que arruinan al olivar tradicional al medio ambiente y
desmineralizan las tierras, etc.
5.-
En definitiva, este estado de cosas nos obliga a trabajar por la fortaleza de
SOBERANÍA Y TRABAJO, como organización política capaz de influir en las
decisiones que tienen que ver con el campo y el mundo rural. Sin embargo,
partimos de un punto en donde la característica notable es la débil fuerza
política que tienen las clases trabajadoras en la sociedad, en los gobiernos
locales, regionales y estatales. Una cuestión asumida popularmente es la necesidad
de la soberanía alimentaria, la producción de alimentos y la importancia de los
agricultores. En este marco entra la Reforma Agraria. Una reforma agraria que
implica no sólo un cambio de la actual distribución de la propiedad de la
tierra, sino un amplio espectro de cuestiones técnicas y legales decididas
democráticamente. Luchar por la reforma agraria es luchar por la soberanía alimentaria,
es reprobar los pilares del sistema monárquico y de la UE, es abrir paso a la
construcción de nuevas instituciones que modifiquen, entre otras cosas, las
estructuras de funcionamiento de la producción de alimentos y de la propiedad
de la tierra. Caminar en esta dirección es comenzar a recuperar en el
imaginario popular, la idea de la Reforma Agraria.
6.-
No hay soberanía alimentaria sin reforma agraria. Proyectar sobre la sociedad
las ideas de soberanía alimentaria es fundamental para recuperar en la
población la concepción de la reforma agraria. La soberanía alimentaria va
ligada al bienestar de las clases trabajadoras, un elemento fundamental que une
los intereses de los jornaleros, agricultores y trabajadores de las ciudades. La
reforma agraria y la soberanía alimentaria van asociadas a la producción de
alimentos de calidad, a la satisfacción de necesidades básicas de la población,
a la creación de bienestar y suficiencia económica de los productores agrarios
y ganaderos. No se consigue soberanía alimentaria mientras que la ruina persiga
a los agricultores y abandonen sus tierras, mientras persista el control sobre
los precios que imponen intermediarios especuladores y las grandes superficies,
mientras continúen las desiguales subvenciones agrarias de la Unión Europea, mientras
siga el acopio de tierras de los grandes propietarios agrarios tradicionales, fondos
de Inversión internacionales y dueños de industrias agroalimentarias
transnacionales. En definitiva, si las decisiones políticas acerca de la producción
de alimentos están en manos de la UE y de las grandes corporaciones económicas.
7.- La reforma agraria no es una decisión
puntual, aislada, que decide un gobierno de la noche a la mañana. Es un proceso
de lucha de clases, en el que las clases trabajadoras y sectores populares como
instrumento de poder, adquieren una influencia decisiva en la estabilidad
política, económica y social de un Estado. Este proceso sería imposible sin la
previa unidad de las fuerzas sociales y políticas progresistas interesadas en
remover la inercia institucional y las resistencias de los grandes
propietarios. Algunos elementos del proceso de reforma agraria:
- Un Plan estatal y regional para
la dotación plena de servicios públicos, infraestructuras físicas y
comunicaciones en las zonas, comarcas y pueblos del mundo rural. El plan debe
llevar pareja la construcción de centros sanitarios y residencias para mayores
y dependientes. Así mismo, son necesarias residencias temporales dignas y con
todos los servicios al objeto de alojar a aquellas personas que sean necesarias
con el motivo de recoger cosechas en momentos.
-Una reforma agraria en nuestros
días tiene que proceder al reparto de tierras, con unos topes máximos de las
fincas agrarias teniendo en cuenta factores como territorio y/o nacionalidad,
usos y costumbres, pero también tipos de cultivos de las zonas y sus
necesidades.
- La comercialización es clave y a
tal efecto es imprescindible la fijación de unos precios justos desde los
poderes políticos, rescatando y haciendo publica la red de mercados locales,
nacionales y estatales. Los mercados de abastos públicos son necesarios y mucho
más justos para con los ciudadanos y ciudadanas consumidoras. Buscar el
abastecimiento directo a consumo humano y ganadero y a tal efecto apoyar y
potenciar las cooperativas de directa campo-localidad.
-
Potenciar el papel de las mujeres rurales y la incorporación de jóvenes a la producción
agraria. La permanencia de la mujer en las zonas rurales es clave como impulso
modernizador de cambio.
- La creación de una Banca Pública
para la concesión de créditos para jóvenes y mujeres dispuestas a incorporarse
o permanecer en el campo, para el acceso a la vivienda, etc.
-Control estatal o regional de las
materias primas para la producción agraria, insecticidas, semillas,
maquinarias, abonos, etc.
-El impulso al cooperativismo democrático
es muy importante en el sector agrario. Las cooperativas tanto de asociaciones
de productores y productoras como de productores que trabajan colectivamente en
las tierras repartidas y/o confiscadas a acaparadores, terratenientes y
multinacionales especulativas. Garantizar que las propias entidades
cooperativas se encarguen de todas las cadenas de valor que no sólo sean
cooperativas de producción sino que se encarguen también de la distribución,
consiguiendo así la disposición de los productos por parte de los agricultores
socios de estas cooperativas(teniendo por ejemplo las cooperativas su propia
flota de camiones y transportes ).
- Para lograr el objetivo de la
soberanía alimentaria hay que llevar a cabo una lucha directa y clara contra la
especulación de los grandes intermediarios y superficies que juegan con los
cereales, el trigo, arroz, soja o maíz como elementos de control y especulación
mundial.
-Crear en las universidades públicas
departamentos de agricultura que investiguen la producción agraria y su mejora
con carácter y respeto al medio ambiente. Así, como un estudio serio de insumos
y abonos de natural, pero que a su vez eviten las plagas.
- En definitiva, una reforma
agraria implica la creación de una serie de instituciones y mecanismos para la
transformación de las bases políticas y sociales del mundo rural, para lograr una
influencia en la vida de los trabajadores y trabajadoras de la ciudad. La
producción de alimentos suficientes y una soberanía alimentaria son factores
decisivos para el bienestar de las clases trabajadoras que viven las ciudades.
La reforma agraria implica la ligazón y la unidad del mundo rural con el
urbano.