jueves, 16 de diciembre de 2021

El carácter religioso del Pacto Social. La política “transversal” de la ministra Yolanda Díaz

 


Venía el “Papa” de visitar Chipre y la isla de Lesbos. Allí se hacinan decenas de miles de refugiados de la guerra de Siria, de Afganistán, de Libia... La Europa de los muros y las alambradas, de los campos de refugiados, convertidos en campos de concentración, se han multiplicado con las guerras de los señores que organizan el saqueo en Oriente Medio y África. El Mediterráneo se ha convertido en la mayor fosa común del mundo, extremo éste que el Papa jesuita no podía dejar pasar en su visita, señalando: ¡No dejemos que Mare Nostrum se convierta en un desolador mare mortuum! Millones de migrantes y refugiados corren la misma suerte en Turquía, Grecia, Italia, España…, frente a las puertas cerradas de la Europa de los capitales.

 Conocemos una campaña de exaltación personal de la ministra de Trabajo de Sánchez, Yolanda Díaz. El dedo de Pablo Iglesias ya la señaló. Los medios insisten en que la ministra hace milagros con los pactos sociales, por ello encabezará un movimiento electoral de la izquierda, un “frente amplio”, que supere a Unidas Podemos (a la izquierda del PSOE). Díaz, se ha encargado de matizar su naturaleza: “Yo no quiero estar a la izquierda del PSOE, le regalo al PSOE esa esquinita, eso es algo muy pequeño y muy marginal. Yo creo que las políticas que despliego son transversales”. Políticas transversales, es decir, las que  benefician a todas las clases, y no solo a los explotados y oprimidos. Esa “esquinita” que Yolanda no quiere ocupar, que abarca el 90% de la población.

El encuentro de Yolanda Díaz y el Papa, promovido por el gobierno progresista, quizá tenga que ver con esas políticas trasversales; políticas que cruzan la mayoría de los asuntos y, en particular, el Pacto Social como asunto religioso (el carácter religioso del Pacto Social que decía Hobbes). La Segunda República, único modelo democrático y constituyente de nuestra historia, encontró el equilibrio de la separación de Iglesia y Estado, con la disolución sólo de la orden de los jesuitas y la prohibición de la enseñanza a las congregaciones religiosas. La dictadura, y ahora la Monarquía   reparte privilegios a la Iglesia Vaticana con los Concordatos, de forma que la financian, la ayudan a que se quede con numerosos bienes públicos y, además, la exoneran de impuestos. Se hace de la Iglesia y de sus numerosas posesiones un verdadero paraíso fiscal y especulativo dentro de la sociedad. Misas franquistas se siguen celebrando -a los 43 años de la muerte de Franco- con la complicidad de la curia vaticana.

A la Iglesia los distintos gobiernos no solo no le han exigido responsabilidad alguna por sus actuaciones en la guerra y la dictadura, sino que se la ha colmado de parabienes. Con situaciones tan grotescas -históricamente hablando- como que el Valle de los Caídos sigue en pie y regentado por una orden religiosa cuyos gastos paga el Estado; que la enseñanza -como en la Edad Media- está colonizada por la Iglesia y sus órdenes religiosas, sin que la Escuela Pública se haya podido liberar de la religión en sus aulas; y que los obispos pueden inmatricular bienes públicos con la más absoluta complicidad del Estado. ¿Alguien da más?

¿El liderazgo que reclama la señora Díaz puede tener que ver también con ese tipo de relación entre la Iglesia Vaticana y el Estado Español? Si es así, el transversalismo que pregona a los cuatro vientos tiene una denominación más clara, y supone el mantenimiento de los privilegios del nacional-catolicismo establecidos.

Alguna de las tantas y tantas secretarias del PP de Madrid, ha venido a calificar el encuentro en el Vaticano del Papa y la ministra de “cumbre comunista”, chirigota de un PP cruzado por la corrupción de arriba abajo, que trata de ocultar el verdadero contenido político. La reunión en Roma entre la vicepresidenta Yolanda Díaz y el Papa, ha servido -según los comunicados oficiales de prensa del gobierno español- “para hablar de los retos comunes de la humanidad”, como la crisis sanitaria y social del COVID19, la importancia del trabajo decente, la precariedad y desigualdad social creciente, la crisis climática o las amenazas contra la democracia y los derechos humanos. Todo un programa en sus enunciados. ¿Acaso no sabe la vicepresidenta que el Vaticano fue de los pocos Estados en el mundo que en 1948 votó ya contra la declaración de los Derechos Humanos?

La visita a Roma vino a coincidir en el tiempo con el nombramiento como embajadora ante el Vaticano de la exministra de Educación, Celaá (que mantuvo la religión en la escuela y que, además, es “católica practicante”). ¿Qué más desea el Vaticano? No hacen falta más explicaciones, nos enteramos de que los retos políticos y sociales del Vaticano coinciden con los del gobierno Sánchez. ¡Acabáramos!  

Todo hace pensar que las próximas elecciones serán las de Andalucía. Y ante esta cita electoral, el “yolandismo” no lo tiene nada claro. Mientras en Córdoba los portavoces de Podemos y de IU hablan ya de la creación de un “frente amplio” y “transversal”, desde la dirección de Podemos en Madrid la empujan a cerrar pronto sus alianzas con otros partidos. Coaliciones, que se reclaman de la izquierda, como “Adelante Andalucía”, “Más Andalucía” y otras más conocidas, totalizarían cinco listas electorales, sin conocerse aún los programas que defenderían ante el retroceso económico y social. Un acuerdo de unidad entre las candidaturas de izquierdas en Andalucía sería un buen acuerdo electoral si se sustenta sobre bases políticas, sociales y democráticas. El “yolandismo” quiere ir más allá, “más allá de la esquinita” ..., y promueve un acuerdo transversal, como ella dice, que debería contar, entonces, con alguna de las fuerzas que ahora componen el “trifachito” andaluz. Algo así como lo que proponía Sánchez al principio de su mandato, que no era otra cosa que un acuerdo de gobierno con Ciudadanos, y que fracasó estrepitosamente, cuando sus mismas bases le gritaron aquello de “¡Con Rivera, no! ¡Con Rivera, no!”.

El adelanto de las elecciones en Andalucía, y posiblemente también en Castilla y León, constituye una argucia del PP, que se establece sobre el terreno de los fracasos del gobierno, tal y como ya sucedió con la victoria de PP y Vox en la Comunidad de Madrid. Una gran burbuja especulativa, la de la política económica del Gobierno y su Deuda, infla una inmensa burbuja política transversal, que no es otra que la promoción oficial desde la Moncloa de la ministra de Trabajo, vicepresidenta del Gobierno, y de sus planes de Pacto Social permanente contra las reivindicaciones de los trabajadores y sus organizaciones: lo sucedido en la huelga general de los trabajadores del metal de Cádiz.

El caso andaluz no es el único que merece reflexión. En cada territorio hay que trabajar por la más amplia unidad de los partidos que aspiran al gobierno de la mayoría social, en representación de los trabajadores y los pueblos. La Constitución de la Segunda República quedó marcada por esa aspiración que nunca llegó a materializarse: “una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de libertad y de justicia”.  Esa sigue siendo, en esencia, la bandera de todas las reivindicaciones y concentra la aspiración de cambio político y social de la mayoría en todos los territorios. ¡República o repúblicas para todos!