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1.-En
estos días los alcaldes de las diferentes localidades se esmeran en discursos en
los que recuerdan a sus ciudadanos las cosas que han hecho o que van hacer en
lo que queda de legislatura. Sus narrativas desbordan triunfalismo y optimismo,
las inversiones previstas harán imparable el crecimiento económico en la población
desbordando los sueños del éxito futuro. Las colmadas tesorerías del municipio estimularán
el progreso local con todo un bloque de obras, nuevas infraestructuras, arreglo
de calles, y todo un conjunto de actividades turísticas y culturales. Los regidores
institucionales se sienten apasionados y entusiastas por su contribución
creadora a la materialidad urbanística y al incremento del trasiego turístico. Así, en medio de estas actuaciones, en
silencio, calladamente se cuelan las desigualdades sociales; la precariedad laboral
y la marginación social siguen atrapando a un buen número de personas. Los cargos
políticos no perciben la existencia de personas (Sin Techo) que deambulan por
las calles de las ciudades buscando un lugar en donde resguardarse de las duras
condiciones climatológicas. En los discursos, ruedas de prensa y todo tipo de
actos publicitarios no aparece oficialmente este desgraciado sector social. Para
estos seres humanos todo es oscuro, hasta la tan manida retórica de la
redistribución de la riqueza.
2.- Según dictan sus responsables políticos en los presupuestos regionales y en los de las ciudades de Badajoz, Cáceres, Mérida y en otras de menor número de habitantes, se han alcanzado notorios éxitos económico-financiero, las arcas están bastante llenas y predispuestas para mimar las obras y las actividades turísticas. Sin embargo, no se ha contemplado o es ridícula la cantidad presupuestaria destinada para atender a las decenas de personas que viven en la calle, algunas de ellas con fuertes problemas de adicción. Tampoco, hay una pequeña cantidad para impedir que los fines de semana estos seres humanos sean expulsados del centro social “San Cristóbal” en Mérida; desde el viernes por la tarde hasta el lunes están en la calle, sin techo ni alimentación quedando desamparados en la calle.
3.-
El tan alabado turismo enriquece a unos, pero promueve contrataciones precarias,
una desenfrenada explotación laboral, subida de los alquileres de las viviendas
y del nivel de vida en general, castigando a las clases trabajadoras. A pesar
de esta parafernalia mediática-turística en la que vive la oficialidad, hay un
empobrecimiento generalizado de la clase obrera, los jóvenes se marchan y los
mayores sobreviven con pensiones mínimas.
En la sociedad extremeña se dan
múltiples desigualdades sociales que nacen fundamentalmente de la falta de
viviendas públicas, de la precarización salarial, las bajas pensiones, las ayudas
sociales de miseria y la falta de recursos en los servicios públicos
sanitarios, educativos, de atención a mayores y dependientes y déficit en los
servicios administrativos como en el caso del SEPE.
4.-No
hay respuesta institucional a la necesidad de profesionales sanitarios en los
centros de salud y centros hospitalarios para reducir y eliminar las listas de
espera, y evitar que miles de familias esperen meses y meses a la llamada de la
seguridad social. En el caso de la
educación, no se hace nada ante la escasa financiación de la educación pública,
el abandono de la Universidad Pública Extremeña y crece el interés por los conciertos
con los centros y las universidades privadas, proceso que acabarán reduciendo
el acceso de nuestros jóvenes a los estudios secundarios y superiores. Tampoco,
preocupa que nuestros mayores esperen largo tiempo para acceder a las
residencias puesto que el número de plazas residenciales es escaso. En definitiva,
quienes nos gobiernan debieran mirar un poco más a las necesidades más básicas
de los seres humanos, la vivienda, la alimentación, la sanidad, la educación y
los mayores y dependientes.
