miércoles, 13 de mayo de 2026

EL DEBATE SOBRE LA INMIGRACIÓN

 


1.-El VII Congreso de la Segunda Internacional.

En el movimiento obrero siempre se han dado debates acerca de la inmigración. Durante el VII Congreso de la Segunda Internacional, celebrado del 18 al 24 de agosto de 1907 en la Alemania hubo un fuerte debate sobre la inmigración y el colonialismo. La resolución final adoptada por amplia mayoría condenó la colonización capitalista tanto por sus métodos bárbaros como por su impacto en la explotación obrera, oponiéndose a cualquier tipo de control sobre la inmigración y en favor de equiparar los derechos de los trabajadores migrantes a los de los trabajadores del país receptor.

Los delegados del Partido Socialista Laborista de América (dirigido por Daniel DeLeon) y los delegados italianos se opusieron con firmeza a los planteamientos reaccionarios de otros sectores minoritarios que decían que “Los inmigrantes de ciertos países no tienen capacidad ni intenciones para unirse a la lucha del movimiento obrero en los países a donde llegan, por lo que hasta lograr la unidad debemos defender a los trabajadores de nuestro país. Los inmigrantes que llegan rompen la unidad, las huelgas, bajan los salarios, incluso deben ser deportados siempre por decisiones judiciales. Estamos contra las fronteras abiertas”.

2.- La repetición actual de los debates.

 Aquellos debates vuelven ahora en pleno siglo XXI. La socialdemocracia internacional y otras nuevas formaciones de la izquierda aceptan vergonzosamente una política migratoria en donde resaltan los prejuicios reaccionarios y las presiones políticas e ideológicas de la clase dominante. Desde aquellos sectores políticos repiten que no podemos aceptar la “apertura incontrolada de fronteras”, la “cultura de la bienvenida sin límites” y la necesidad de repensar el “derecho de hospitalidad”, especialmente hacia los inmigrantes delincuentes. Así, cualquiera que cruce la frontera ilegalmente se le debe ofrecer retornar voluntariamente. Si no lo acepta, solo queda la deportación.

Además, nos vienen a decir que la política de asilo ha provocado una inseguridad adicional y sobre todo una mayor competición por los servicios públicos y los trabajos mal pagados. En última instancia son las expresiones de las políticas nacionalistas y electoralistas apoyadas en las razones de Estado. Es decir, son las condiciones materiales y la voluntad política de los Estados quienes deben decidir los acogimientos.

Estos planteamientos políticos suponen una renuncia a la lucha de clases, a luchar contra los prejuicios y la propaganda capitalista. La política revolucionaria debe abandonar la idea de que la supuesta “baja conciencia” de los trabajadores implica que no se puede defender una política contraria a los controles migratorios o a favor de fronteras abiertas, ya que los trabajadores lo verían como una amenaza a sus empleos, salarios y condiciones de vida.

 3.- La inmigración no es la causa del desempleo y los bajos salarios.

No son las “fronteras abiertas” lo que amenaza el empleo, los salarios o las condiciones de vida de los trabajadores nativos, sino las políticas de los gobiernos capitalistas; desde los conservadores a los socialdemócratas aplican recortes sociales, incrementan los gastos militares y llevan a la austeridad. Los inmigrantes no son los responsables de la privatización de los servicios públicos, del empleo basura, de los rescates a la banca ni mucho menos de las guerras imperialistas o el expolio que provoca el éxodo de millones de personas en el mundo. La responsabilidad recae en el propio funcionamiento del sistema capitalista provocando estas situaciones para aumentar así la tasa de ganancia. Los estados capitalistas disponen de medios más que suficientes para atender a poblaciones autóctonas e inmigrantes.

4.-. Las deslocalizaciones.

Lenin en su artículo Capitalismo y la inmigración de trabajadores, escrito en 1913. Indicaba, “aunque la migración es un proceso traumático tiene un carácter histórico progresista”. “No cabe duda de que la pobreza obliga a la gente a abandonar su tierra natal y que los capitalistas explotan a los trabajadores inmigrantes de la manera más desvergonzada. Pero solo los reaccionarios pueden cerrar los ojos ante el significado progresivo de esta migración moderna de las naciones.

La emancipación del yugo del capital es imposible sin el desarrollo posterior del capitalismo y sin la lucha de clases que se basa en él. Y es en esta lucha que el capitalismo está atrayendo a las masas de los trabajadores de todo el mundo, rompiendo los hábitos de la vida local, rompiendo las barreras y prejuicios nacionales, uniendo a los trabajadores de todos los países en enormes fábricas y minas en América, Alemania y más allá”. En este artículo y en otros posteriores señalaba que el capitalismo en su extensión y desarrollo había logrado que el mundo fuera redondo en el sentido que conecta a pueblos y establece relaciones entre poblaciones de trabajadores muy alejados en el mundo. Mediante las deslocalizaciones se establecen relaciones salariales entre los trabajadores, de tal modo que los salarios más bajos en los países atrasados condicionan los salarios y la propia vida de los obreros de las naciones occidentales.

Las deslocalizaciones forman parte de la lógica del imperialismo. Es la estrategia del capital en la búsqueda de beneficios y la dominación del mundo. Es una forma de violencia contra la clase obrera. Sin embargo, en estos procesos expansionistas del capital se van creando los sujetos políticos y las condiciones para su destrucción; las propias contradicciones internas encadenan las crisis; las soluciones a unas crisis llevan a la creación de nuevas condiciones para crisis mayores. La extensión de los intercambios comerciales y las inversiones crean el mercado mundial y una clase obrera mundial.

Engels en su obra publicada con el título de “La situación de la clase obrera en Inglaterra”, describe la competencia entre trabajadores a que da lugar la migración masiva de trabajadores irlandeses pobres hacia las ciudades industriales inglesas, pero también se creaban los cimientos para la solidaridad internacional. Engels abundó en el contacto directo con inmigrantes irlandeses en Inglaterra, que muy a menudo creaban tensiones entre trabajadores nativos e inmigrantes, pero abogaba por la lucha por la unidad de ambos, exigiendo a los obreros más conscientes la dedicación y fuerza en señalar que la clase obrera no puede emanciparse si se mantiene dividida.

5.- La obligación de las organizaciones revolucionarias.

La obligación de las organizaciones de la izquierda y los sindicatos, no es la de respaldar los controles de inmigración que como la experiencia demuestra, no sirven para defender las condiciones de los obreros nacionales; la obligación debe ser la de combatir cualquier política que criminalice o restrinja los derechos de los inmigrantes, defendiendo la concesión de permisos de residencia independientemente de que tengan o no empleo e integrar a los trabajadores extranjeros en las organizaciones obreras. Esta es la única manera de vincular fraternalmente a trabajadores nativos y extranjeros y unirlos en la lucha por la transformación socialista de la sociedad.

Los recursos para proporcionar unas vidas dignas para todos los habitantes del mundo existen, pero se concentran en las manos y bolsillos de un puñado de multimillonarios y grandes capitalistas. El desarrollo actual de las fuerzas productivas en las sociedades capitalistas es más que suficiente para proporcionar los bienes de consumo que necesita la humanidad.

La burguesía nunca ha regalado nada a la clase obrera, y menos en tiempos de crisis. Con las regularizaciones han creado una plataforma para extender la pelea política y social por la ampliación de los derechos sociales y servicios públicos para el conjunto de la clase obrera, nativa y extranjera. No tiene sentido una política nacionalista consistente en la lucha por derechos sociales para los nacionales. De este modo entramos en el terreno de la derecha y de la extrema derecha.

6.- La Unión Europea.

La Unión Europea no solo ha alimentado la masacre y la barbarie en los países de origen de los refugiados, sino que, además, cuando miles de personas se han visto obligadas a abandonar sus territorios para escapar de ese horror, ha respondido con el cierre de sus fronteras. En este marco se han creado cerca de 420 centros de detención en territorio europeo y numerosos campos de refugiados que en poco se diferencian de campos de concentración. Los millones de euros que se emplean para el control de fronteras, en barcos, aviones y personal, en los CIES, centros de refugiados nacionales e internacionales. En Mérida hay unos 1000 inmigrantes cuando las instalaciones sólo reúnen condiciones para 200. En Moria, isla de Lesbos, Grecia, hay más de 15.000 para una población de 2.000 personas. La UE alimenta los bolsillos concediendo miles de millones de euros en a países como Turquía, Marruecos y Libia para que frenen la llegada de inmigrantes a Europa, etc. Todos estos miles de millones serían más que suficiente para proporcionar en la Unión Europa servicios públicos al conjunto de la población autóctona y extranjera.  

El acuerdo entre el Estado español con el Gobierno de Pedro Sánchez y Marruecos ha permitido aumentar las devoluciones en caliente negando cualquier derecho a los refugiados. La UE persigue a las organizaciones no gubernamentales que se dedican a recatar inmigrantes en el mar, a los gobiernos europeos no les preocupa que mueran miles de inmigrantes en el mar. 

El fondo de la cuestión es que las burguesías europeas intentan mantener a toda costa la estabilidad social y política, unas relaciones sociales de producción y distribución que aseguren que una mayoría trabaje y produzca bienes y servicios para el disfrute y bienestar de esa minoría burguesa.

6.- Los capitalistas y la inmigración.

 Los capitalistas no se oponen a la inmigración, muy al contrario, lo ven como una necesidad, a la vez que consecuencia del surgimiento y del desarrollo desigual del capitalismo. Sin la fuerza de trabajo extranjera la expansión del capitalismo europeo y de EEUU hubiera sido imposible. En España casi el 20 % de la población es extranjera. EEUU y Europa se configuraron a base de oleadas de inmigrantes. Más de cinco millones de británicos emigraron a EEUU, Australia y Canadá. A finales del siglo XIX y principios del XX más de tres millones de españoles emigraron a América, y después se sumaron los exiliados de la guerra civil.

Después de la Segunda Guerra Mundial, españoles, griegos, italianos, portugueses, turcos, etc., ­emigraron a la Alemania Federal, Bélgica, Suiza, ­Francia y Holanda, contribuyendo al gran desarrollo industrial y económico de esos países. Sin la fuerza de trabajo extranjera la expansión del capitalismo europeo y de EEUU hubiera sido imposible. Pero todo este proceso mundial ha creado las bases para una clase obrera internacional, los cimientos sobre los que se construye el internacionalismo proletario.

7.- Las regularizaciones.

La burguesía no rechaza la inmigración, nunca la ha rechazado, sino que se opone a que los trabajadores extranjeros tengan las mismas condiciones y derechos laborales, salariales y sociales que los trabajadores nativos porque entonces ya no son rentables. Por eso no dudan en utilizar el discurso del odio racial, el nacionalismo y el miedo, para evitar movilizaciones en solidaridad con los refugiados. Tampoco dudan en utilizar a la extrema derecha y a las bandas fascistas para propagar el racismo y la xenofobia, aunque eso vaya contra el lustre democrático de las instituciones.

Los marxistas entendemos las regularizaciones de inmigrantes como un paso en la conquista de los derechos laborales y sociales. Algo que no será posible sin lucha política y sindical. La clase dominante y sus gobiernos nunca conceden gratuitamente nada a la clase obrera. La clase burguesa es la responsable de la opresión y las guerras imperialistas, negándose a la libre circulación de los trabajadores que buscan una vida mejor. Nos posicionamos radicalmente en contra de los controles migratorios que impone la clase dominante y de su demagogia reaccionaria contra los refugiados y los inmigrantes. La burguesía a lo que no se opone es a la concesión de la nacionalidad automática a los ricos que llevan sus fortunas a las grandes metrópolis. Los únicos que no pueden circular libremente en el mundo son los pobres.

8.- La circulación de capitales.  La clase burguesa actúa de un modo contradictorio respecto a la libre circulación de capitales. La burguesía quiere libertad para invertir, comprar y vender ya sean capitales, acciones, obligaciones, o bien acceder y conceder préstamos, etc. Desde sus instalaciones físicas en Nueva York, Madrid, Londres o París las instituciones bancarias nacionales, internacionales, organismos como el BCE, Walt Street, FMI, BM, OMC, OMS, etc. pueden mover capitales de un país a otro, de una rama industrial a otra, deslocalizar industrias, inversiones productivas o comerciales en los territorios del Sur Global. El objetivo es ganar dinero, poder económico y político. Con estas inversiones y operaciones financieras en poco contribuyen al desarrollo económico y social, siendo sus efectos más de ruina y saqueo con actos contra la moneda, organización de corralitos, impulsar golpes de estados o cambios de gobiernos, etc. Este es el interés por la libre circulación de capitales que tienen las oligarquías mundiales y sus instituciones.  

Sin embargo, la burguesía se opone a la circulación de capitales cuando benefician a naciones que tienen dificultades económicas. Las oligarquías mundiales se oponen a la libre circulación de capitales para impedir inversiones que colaboren y supongan una ayuda a naciones con dificultades por su subdesarrollo, aprueban sanciones económicas a naciones que les hacen fuerte competencia, bloqueos de capitales para arruinar a países que han elegido su propio camino al desarrollo de manera independiente del imperialismo. No les importa lo más mínimo que por estos bloqueos o sanciones lleguen a pagar un alto precio de pobreza y muerte entre sus habitantes, con sus industrias y hospitales paralizados por fallas en el sistema energético, operaciones y actividades sanitarias y educativas suspendidas, falta de transporte público, dificultades para abastecer de agua potable a las poblaciones y otros problemas sociales gravísimos.

9.- La política reformista.

La izquierda política y sindical occidental asume el discurso de la derecha y rechaza a los inmigrantes, sobre todo en periodos de crisis, culpándoles del paro y la pobreza. Los reformistas se han negado a la lucha contra los prejuicios racistas, a defender una vida digna para todas las personas independientemente de su origen, a explicar que ni los controles de fronteras, ni los muros y concertinas, ni las deportaciones o “devoluciones en caliente”, ni las leyes de extranjería ni el endurecimiento de las políticas de asilo van a terminar con las políticas de austeridad, con los recortes sociales ni con los ataques a los derechos democráticos.

Es una necesidad para el internacionalismo obrero responder solidariamente contra quienes aluden a las razones de Estado y sostienen la necesidad del control de los flujos migratorios, la inmigración incontrolada, la expulsión y deportación de inmigrantes. Necesitamos pelear conjuntamente con nuestros hermanos de clase para asegurar los derechos democráticos de todas las personas, para acabar con las leyes antiinmigración y las leyes que los criminalizan.

9.- Las consecuencias de la colonización y el imperialismo.

La derecha y el reformismo político se han olvidado que las potencias occidentales con la colonización y el imperialismo, saquearon los recursos y empobrecieron a naciones de los más diversos confines del planeta. El mundo occidental, sus gobiernos y grandes corporaciones económicas, continúa con esta explotación de los recursos de naciones africanas, asiáticas y de Latinoamérica. Gracias a estas invasiones económicas y militares Europa ha logrado unos niveles de vida superiores a las de las naciones explotadas y oprimidas. La riqueza de unos se asienta en la pobreza de muchos. Las migraciones masivas nacen de este saqueo y explotación brutal a base de guerras, golpes de estados, bloqueos, etc. con las que se sigue machacando a las poblaciones nativas.

El mundo occidental no sólo los expulsa de sus territorios, sino que luego los castiga impidiéndoles la posibilidad de acceder a un mínimo bienestar. Las políticas socialdemócratas nacionalistas se oponen a la inmigración y olvidan que potencias imperialistas como Alemania y Gran Bretaña crearon sus bases económicas y sus altos niveles de vida con el latrocinio y pillaje de naciones como Turquía, China, Vietnam, India, y de otros pueblos asiáticos y africanos a los empobrecieron y actualmente sufren las consecuencias.

Rosa Luxemburgo denunció ampliamente la acumulación de capital de las potencias imperialistas europeas, a las que se unieron después Estados Unidos y Japón, llevando a cabo una expansión sin precedentes entre los siglos XIX y XX, conquistando la mayor parte del mundo. Este proceso tuvo consecuencias devastadoras para los pueblos de lo que hoy se denomina el Sur Global o Tercer Mundo. Basta con recordar las matanzas del pueblo Herero que realizó Alemania en Namibia, y las de los ingleses en la India y en China, antes y durante las guerras del Opio, y en naciones de África y Asia.

10.- El cinismo del mundo occidental.

Resulta un tanto cínico que haya partidos del mundo occidental que se llamen de izquierdas y se opongan ahora a la libre entrada de inmigrantes, cuando sus grandes corporaciones económicas y sus gobiernos, participando en instituciones y organismos internacionales como el FMI, el BM, la OMC, el BE, OTAN, etc., arruinaron y arruinan a poblaciones y territorios.

El reformismo político trata de resarcir los desastres que produce el imperialismo resucitando ideas que llevaron al fracaso a la II internacional. Nos sugieren una especie de sistema colonial progresista en el sentido de que el sistema capitalista debe poner mayor énfasis en el desarrollo de las naciones que explota, y en todo caso, las indemnice económicamente cuando su personal formado técnica y científicamente se vaya al mundo occidental. No entienden que la naturaleza del sistema capitalista lleva implícito la expropiación, y el robo de las riquezas y recursos del sur global. Para el capitalismo no existen cuestiones humanitarias, su ideología es ganar dinero a toda costa.

La historia nos enseña que no hay un intercambio justo ni un respeto a la soberanía de naciones pobres mientras el poder económico-financiero, político y militar esté en manos de las potencias imperialistas. El imperialismo y el rearme que le sigue no son una opción política que los gobernantes burgueses pueden o no escoger, sino que están inscritos en las propias relaciones capitalistas y su insaciable afán de ganancia. La única alternativa es organizar la lucha táctica y estratégica para acabar con el capitalismo.