Resulta sorprendente que todavía escuchemos a políticos prometiendo la recuperación del Estado del Bienestar. El Estado del Bienestar fue un fenómeno construido sobre una arquitectura mundial basada en la explotación de mano de obra barata y extracción de recursos de los países colonizados y luego sometidos por el imperialismo.
Las transferencias de ingentes cantidades de riqueza desde los países del Sur global, desde las periferias a las metrópolis permitió ganancias enormes a las burguesías occidentales que pudo garantizar a sus poblaciones trabajadora ciertos niveles de consumos, aliviar tensiones sociales con el miedo a que cundiera el ejemplo de la revolución socialista de octubre.
La reconstrucción de todo el desastre provocado por la II guerra mundial pudo garantizar las ganancias capitalistas que junto a la fortaleza del movimiento obrero que había contribuido a derrotar al nazismo, y el importante flujo de valor desde las periferias, llevó a mayores consumos de masas, engordando los presupuestos estatales para financiar lo que llamamos el Estado del Bienestar, conformado con la sanidad pública, educación pública y pensiones.
Sin embargo, el proceso de desmantelamiento del Estado del Bienestar comienza en la medida en que disminuyen las tasas de ganancias de las burguesías mundiales a consecuencia de las luchas de clases que acentúan las crisis capitalistas, y el Sur Global despierta rechazando al imperialismo.
Nos encontramos en un período en el que el imperialismo norteamericano pierde el dominio exclusivo del mundo y la acumulación de capital sólo la puede mantener recurriendo a las guerras para dominar los recursos de los países y a sus poblaciones trabajadoras.
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