1.-El VII Congreso de la Segunda Internacional.
En el movimiento obrero siempre se han
dado debates acerca de la inmigración. Durante el VII Congreso de la Segunda
Internacional, celebrado del 18 al 24 de agosto de 1907 en la Alemania hubo un
fuerte debate sobre la inmigración y el colonialismo. La resolución final adoptada
por amplia mayoría condenó la colonización capitalista tanto por sus métodos
bárbaros como por su impacto en la explotación obrera, oponiéndose a cualquier
tipo de control sobre la inmigración y en favor de equiparar los derechos de
los trabajadores migrantes a los de los trabajadores del país receptor.
Los delegados del Partido Socialista
Laborista de América (dirigido por Daniel DeLeon) y los delegados italianos se opusieron
con firmeza a los planteamientos reaccionarios de otros sectores minoritarios que
decían que “Los inmigrantes de
ciertos países no tienen capacidad ni intenciones para unirse a la lucha del
movimiento obrero en los países a donde llegan, por lo que hasta lograr la
unidad debemos defender a los trabajadores de nuestro país. Los inmigrantes que
llegan rompen la unidad, las huelgas, bajan los salarios, incluso deben ser
deportados siempre por decisiones judiciales. Estamos contra las fronteras
abiertas”.
2.- La repetición actual de
los debates.
Aquellos debates vuelven ahora
en pleno siglo XXI. La
socialdemocracia internacional y otras nuevas formaciones de la izquierda aceptan
vergonzosamente una política migratoria en donde resaltan los prejuicios
reaccionarios y las presiones políticas e ideológicas de la clase dominante. Desde
aquellos sectores políticos repiten que no podemos aceptar la “apertura
incontrolada de fronteras”, la “cultura de la bienvenida sin límites” y la
necesidad de repensar el “derecho de hospitalidad”, especialmente hacia los
inmigrantes delincuentes. Así, cualquiera que cruce la frontera ilegalmente se
le debe ofrecer retornar voluntariamente. Si no lo acepta, solo queda la
deportación.
Además,
nos vienen a decir que la política de asilo ha provocado una inseguridad
adicional y sobre todo una mayor competición por los servicios públicos y los
trabajos mal pagados. En última instancia son las
expresiones de las políticas nacionalistas y electoralistas apoyadas en las razones de Estado. Es decir, son las
condiciones materiales y la voluntad política de los Estados quienes deben
decidir los acogimientos.
Estos
planteamientos políticos suponen una renuncia a la lucha de clases, a luchar
contra los prejuicios y la propaganda capitalista. La política revolucionaria
debe abandonar la idea de que la supuesta “baja conciencia” de los trabajadores
implica que no se puede defender una política contraria a los controles
migratorios o a favor de fronteras abiertas, ya que los trabajadores lo verían
como una amenaza a sus empleos, salarios y condiciones de vida.
3.-
La inmigración no es la causa del
desempleo y los bajos salarios.
No son las “fronteras abiertas” lo que
amenaza el empleo, los salarios o las condiciones de vida de los trabajadores
nativos, sino las políticas de los gobiernos capitalistas; desde los
conservadores a los socialdemócratas aplican recortes sociales, incrementan los
gastos militares y llevan a la austeridad. Los inmigrantes no son los
responsables de la privatización de los servicios públicos, del empleo basura,
de los rescates a la banca ni mucho menos de las guerras imperialistas o el
expolio que provoca el éxodo de millones de personas en el mundo. La
responsabilidad recae en el propio funcionamiento del sistema capitalista
provocando estas situaciones para aumentar así la tasa de ganancia. Los estados
capitalistas disponen de medios más que suficientes para atender a poblaciones
autóctonas e inmigrantes.
4.-. Las deslocalizaciones.
Lenin en
su artículo Capitalismo y la inmigración de trabajadores, escrito en 1913. Indicaba, “aunque la
migración es un proceso traumático tiene un carácter histórico progresista”.
“No cabe duda de que la pobreza obliga a la gente a abandonar su tierra natal y
que los capitalistas explotan a los trabajadores inmigrantes de la manera más
desvergonzada. Pero solo los reaccionarios pueden cerrar los ojos ante el
significado progresivo de esta migración moderna de las naciones.
La emancipación del yugo del
capital es imposible sin el desarrollo posterior del capitalismo y sin la lucha
de clases que se basa en él. Y es
en esta lucha que el capitalismo está atrayendo a las masas de los trabajadores
de todo el mundo, rompiendo los hábitos de la vida local, rompiendo las
barreras y prejuicios nacionales, uniendo a los trabajadores de todos los
países en enormes fábricas y minas en América, Alemania y más allá”. En este artículo y en otros
posteriores señalaba que el capitalismo en su extensión y desarrollo había
logrado que el mundo fuera redondo en el sentido que conecta a pueblos y
establece relaciones entre poblaciones de trabajadores muy alejados en el
mundo. Mediante las
deslocalizaciones se establecen relaciones salariales entre los trabajadores,
de tal modo que los salarios más bajos en los países atrasados condicionan los
salarios y la propia vida de los obreros de las naciones occidentales.
Las
deslocalizaciones forman parte de la lógica del imperialismo. Es la estrategia
del capital en la búsqueda de beneficios y la dominación del mundo. Es una
forma de violencia contra la clase obrera. Sin embargo, en estos procesos
expansionistas del capital se van creando los sujetos políticos y las
condiciones para su destrucción; las propias contradicciones internas encadenan
las crisis; las soluciones a unas crisis llevan a la creación de nuevas
condiciones para crisis mayores. La extensión de los intercambios comerciales y
las inversiones crean el mercado mundial y una clase obrera mundial.
Engels
en su obra publicada con el título de “La situación de la clase obrera en
Inglaterra”, describe la competencia entre trabajadores a que da lugar la
migración masiva de trabajadores irlandeses pobres hacia las ciudades
industriales inglesas, pero también se creaban los cimientos para la
solidaridad internacional.
Engels abundó en el contacto directo con
inmigrantes irlandeses en Inglaterra, que muy a menudo creaban tensiones entre
trabajadores nativos e inmigrantes, pero abogaba por la lucha por la unidad de
ambos, exigiendo a los obreros más conscientes la dedicación y fuerza en
señalar que la clase obrera no puede emanciparse si se mantiene dividida.
5.- La obligación de las organizaciones revolucionarias.
La obligación de las organizaciones de
la izquierda y los sindicatos, no es la de respaldar los controles de
inmigración que como la experiencia demuestra, no sirven para defender las
condiciones de los obreros nacionales; la obligación debe ser la de combatir
cualquier política que criminalice o restrinja los derechos de los inmigrantes,
defendiendo la concesión de permisos de residencia independientemente de que
tengan o no empleo e integrar a los trabajadores extranjeros en las
organizaciones obreras. Esta es la única manera de vincular fraternalmente a
trabajadores nativos y extranjeros y unirlos en la lucha por la transformación
socialista de la sociedad.
Los recursos para proporcionar unas
vidas dignas para todos los habitantes del mundo existen, pero se concentran en
las manos y bolsillos de un puñado de multimillonarios y grandes capitalistas.
El desarrollo actual de las fuerzas productivas en las sociedades capitalistas es
más que suficiente para proporcionar los bienes de consumo que necesita la
humanidad.
La burguesía nunca ha regalado nada a
la clase obrera, y menos en tiempos de crisis. Con las regularizaciones han
creado una plataforma para extender la pelea política y social por la
ampliación de los derechos sociales y servicios públicos para el conjunto de la
clase obrera, nativa y extranjera. No tiene sentido una política nacionalista
consistente en la lucha por derechos sociales para los nacionales. De este modo
entramos en el terreno de la derecha y de la extrema derecha.
6.- La Unión Europea.
La Unión Europea no solo ha alimentado
la masacre y la barbarie en los países de origen de los refugiados, sino que,
además, cuando miles de personas se han visto obligadas a abandonar sus
territorios para escapar de ese horror, ha respondido con el cierre de sus
fronteras. En este marco se han creado cerca de 420 centros de detención en
territorio europeo y numerosos campos de refugiados que en poco se diferencian
de campos de concentración. Los millones de euros que se emplean para el
control de fronteras, en barcos, aviones y personal, en los CIES, centros de
refugiados nacionales e internacionales. En Mérida hay unos 1000 inmigrantes
cuando las instalaciones sólo reúnen condiciones para 200. En Moria, isla de
Lesbos, Grecia, hay más de 15.000 para una población de 2.000 personas. La UE
alimenta los bolsillos concediendo miles de millones de euros en a países como
Turquía, Marruecos y Libia para que frenen la llegada de inmigrantes a Europa,
etc. Todos estos miles de millones serían más que suficiente para proporcionar
en la Unión Europa servicios públicos al conjunto de la población autóctona y
extranjera.
El acuerdo entre el Estado español con
el Gobierno de Pedro Sánchez y Marruecos ha permitido aumentar las devoluciones
en caliente negando cualquier derecho a los refugiados. La UE persigue a las
organizaciones no gubernamentales que se dedican a recatar inmigrantes en el
mar, a los gobiernos europeos no les preocupa que mueran miles de inmigrantes
en el mar.
El fondo de la cuestión es que las
burguesías europeas intentan mantener a toda costa la estabilidad social y
política, unas relaciones sociales de producción y distribución que aseguren que
una mayoría trabaje y produzca bienes y servicios para el disfrute y bienestar
de esa minoría burguesa.
6.- Los capitalistas y la inmigración.
Los capitalistas no se oponen a la inmigración,
muy al contrario, lo ven como una necesidad, a la vez que consecuencia del
surgimiento y del desarrollo desigual del capitalismo.
Sin la fuerza de trabajo
extranjera la expansión del capitalismo europeo y de EEUU hubiera sido
imposible. En España casi el 20 % de la población es extranjera. EEUU y Europa
se configuraron a base de oleadas de inmigrantes. Más de cinco millones de
británicos emigraron a EEUU, Australia y Canadá. A finales del siglo XIX y
principios del XX más de tres millones de españoles emigraron a América, y
después se sumaron los exiliados de la guerra civil.
Después
de la Segunda Guerra Mundial, españoles, griegos, italianos, portugueses,
turcos, etc., emigraron a la Alemania Federal, Bélgica, Suiza, Francia y
Holanda, contribuyendo al gran desarrollo industrial y económico de esos
países. Sin la fuerza de trabajo extranjera la expansión del capitalismo
europeo y de EEUU hubiera sido imposible. Pero todo este proceso mundial ha
creado las bases para una clase obrera internacional, los cimientos sobre los
que se construye el internacionalismo proletario.
7.- Las regularizaciones.
La
burguesía no rechaza la inmigración, nunca la ha rechazado, sino que se opone a
que los trabajadores extranjeros tengan las mismas condiciones y derechos
laborales, salariales y sociales que los trabajadores nativos porque entonces
ya no son rentables. Por eso no dudan en utilizar el discurso del odio racial, el
nacionalismo y el miedo, para evitar movilizaciones en solidaridad con los
refugiados. Tampoco dudan en utilizar a la extrema derecha y a las bandas
fascistas para propagar el racismo y la xenofobia, aunque eso vaya contra el lustre
democrático de las instituciones.
Los
marxistas entendemos las regularizaciones de inmigrantes como un paso en la
conquista de los derechos laborales y sociales. Algo que no será posible sin
lucha política y sindical. La clase dominante y sus gobiernos nunca conceden
gratuitamente nada a la clase obrera. La clase burguesa es la responsable de la
opresión y las guerras imperialistas, negándose a la libre circulación de los
trabajadores que buscan una vida mejor. Nos posicionamos radicalmente en contra
de los controles migratorios que impone la clase dominante y de su demagogia
reaccionaria contra los refugiados y los inmigrantes. La burguesía a lo que no se opone es a la concesión de la nacionalidad automática a
los ricos que llevan sus fortunas a las grandes metrópolis. Los únicos que no
pueden circular libremente en el mundo son los pobres.
8.- La circulación de
capitales. La clase burguesa actúa de un modo contradictorio
respecto a la libre circulación de capitales. La burguesía quiere libertad para
invertir, comprar y vender ya sean capitales, acciones, obligaciones, o bien
acceder y conceder préstamos, etc. Desde sus instalaciones físicas en Nueva
York, Madrid, Londres o París las instituciones bancarias nacionales,
internacionales, organismos como el BCE, Walt Street, FMI, BM, OMC, OMS, etc. pueden
mover capitales de un país a otro, de una rama industrial a otra, deslocalizar
industrias, inversiones productivas o comerciales en los territorios del Sur
Global. El objetivo es ganar dinero, poder económico y político. Con estas
inversiones y operaciones financieras en poco contribuyen al desarrollo
económico y social, siendo sus efectos más de ruina y saqueo con actos contra
la moneda, organización de corralitos, impulsar golpes de estados o cambios de
gobiernos, etc. Este es el interés por la libre circulación de capitales que
tienen las oligarquías mundiales y sus instituciones.
Sin
embargo, la burguesía se opone a la circulación de capitales cuando benefician
a naciones que tienen dificultades económicas. Las
oligarquías mundiales se oponen a la libre circulación de capitales para
impedir inversiones que colaboren y supongan una ayuda a naciones con
dificultades por su subdesarrollo, aprueban sanciones económicas a naciones que
les hacen fuerte competencia, bloqueos de capitales para arruinar a países que
han elegido su propio camino al desarrollo de manera independiente del
imperialismo. No les importa lo más mínimo que por estos bloqueos o sanciones
lleguen a pagar un alto precio de pobreza y muerte entre sus habitantes, con
sus industrias y hospitales paralizados por fallas en el sistema energético,
operaciones y actividades sanitarias y educativas suspendidas, falta de
transporte público, dificultades para abastecer de agua potable a las
poblaciones y otros problemas sociales gravísimos.
9.- La política reformista.
La
izquierda política y sindical occidental asume el discurso de la derecha y rechaza
a los inmigrantes, sobre todo en periodos de crisis, culpándoles del paro y la
pobreza. Los reformistas se han negado a la lucha contra los prejuicios
racistas, a defender una vida digna para todas las personas independientemente
de su origen, a explicar que ni los controles de fronteras, ni los muros y
concertinas, ni las deportaciones o “devoluciones en caliente”, ni las leyes de
extranjería ni el endurecimiento de las políticas de asilo van a terminar con
las políticas de austeridad, con los recortes sociales ni con los ataques a los
derechos democráticos.
Es una
necesidad para el internacionalismo obrero responder solidariamente contra
quienes aluden a las razones de Estado y sostienen la necesidad del control de
los flujos migratorios, la inmigración incontrolada, la expulsión y deportación
de inmigrantes. Necesitamos pelear conjuntamente con nuestros hermanos de clase
para asegurar los derechos democráticos de todas las personas, para acabar con
las leyes antiinmigración y las leyes que los criminalizan.
9.- Las consecuencias de la
colonización y el imperialismo.
La
derecha y el reformismo político se han olvidado que las potencias occidentales
con la colonización y el imperialismo, saquearon los recursos y empobrecieron a
naciones de los más diversos confines del planeta. El mundo occidental, sus
gobiernos y grandes corporaciones económicas, continúa con esta explotación de
los recursos de naciones africanas, asiáticas y de Latinoamérica. Gracias a
estas invasiones económicas y militares Europa ha logrado unos niveles de vida
superiores a las de las naciones explotadas y oprimidas. La riqueza de unos se
asienta en la pobreza de muchos. Las migraciones masivas nacen de este saqueo y
explotación brutal a base de guerras, golpes de estados, bloqueos, etc. con las
que se sigue machacando a las poblaciones nativas.
El
mundo occidental no sólo los expulsa de sus territorios, sino que luego los
castiga impidiéndoles la posibilidad de acceder a un mínimo bienestar. Las
políticas socialdemócratas nacionalistas se oponen a la inmigración y olvidan
que potencias imperialistas como Alemania y Gran Bretaña crearon sus bases
económicas y sus altos niveles de vida con el latrocinio y pillaje de naciones
como Turquía, China, Vietnam, India, y de otros pueblos asiáticos y africanos a
los empobrecieron y actualmente sufren las consecuencias.
Rosa
Luxemburgo denunció ampliamente la acumulación de capital de las potencias
imperialistas europeas, a las que se unieron después Estados Unidos y Japón,
llevando a cabo una expansión sin precedentes entre los siglos XIX y XX,
conquistando la mayor parte del mundo. Este proceso tuvo consecuencias
devastadoras para los pueblos de lo que hoy se denomina el Sur Global o Tercer
Mundo. Basta con recordar las matanzas del pueblo Herero que realizó Alemania
en Namibia, y las de los ingleses en la India y en China, antes y durante las
guerras del Opio, y en naciones de África y Asia.
10.- El cinismo del mundo
occidental.
Resulta
un tanto cínico que haya partidos del mundo occidental que se llamen de
izquierdas y se opongan ahora a la libre entrada de inmigrantes, cuando sus
grandes corporaciones económicas y sus gobiernos, participando en instituciones
y organismos internacionales como el FMI, el BM, la OMC, el BE, OTAN, etc.,
arruinaron y arruinan a poblaciones y territorios.
El
reformismo político trata de resarcir los desastres que produce el imperialismo
resucitando ideas que llevaron al fracaso a la II internacional. Nos sugieren
una especie de sistema colonial progresista en el sentido de que el sistema
capitalista debe poner mayor énfasis en el desarrollo de las naciones que
explota, y en todo caso, las indemnice económicamente cuando su personal
formado técnica y científicamente se vaya al mundo occidental. No entienden que
la naturaleza del sistema capitalista lleva implícito la expropiación, y el
robo de las riquezas y recursos del sur global. Para
el capitalismo no existen cuestiones humanitarias, su ideología es ganar dinero
a toda costa.
La
historia nos enseña que no hay un intercambio justo ni un respeto a la
soberanía de naciones pobres mientras el poder económico-financiero, político y
militar esté en manos de las potencias imperialistas. El imperialismo y el
rearme que le sigue no son una opción política que los gobernantes burgueses
pueden o no escoger, sino que están inscritos en las propias relaciones
capitalistas y su insaciable afán de ganancia. La única alternativa es
organizar la lucha táctica y estratégica para acabar con el capitalismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario