jueves, 12 de febrero de 2026

HAY QUE SALIR DE LA UNIÓN EUROPEA

 

1.-La Unión Europea (UE) representa a las grandes corporaciones económicas contra las clases trabajadoras. Hay que salir de la UE.

La pertenencia a la UE se traduce en unas políticas estatales que van contra todo lo que signifique el trabajo frente al capital. Las directrices europeas aplican reformas laborales contra la clase obrera para favorecer la acumulación de capital, unas políticas agrícolas al gusto de las grandes corporaciones económicas, que con una amplia representación en los sillones de los parlamentos y comisiones europeas dictan normas y reglamentos que no sólo controlan y organizan las subvenciones que deben guiar los repartos de la PAC, sino que imponen una enorme burocracia, y unas políticas medioambientales basadas en la agenda 2030 cuyas aplicaciones radicales perjudican a los agricultores que a gritos piden una relajación de las normas.  En definitiva, la política agraria y ganadera de la UE provoca un colapso productivo y al abandono de tierras por los agricultores, liquidando la soberanía alimentaria e instalando la consolidación de la dependencia de productos agrícolas y ganaderos procedentes de terceros países. El intercambio es tal que estos terceros países que venden materias agrícolas a las potencias europeas se transforman en recepcionistas de capitales y compradores de mercancías industriales del mundo occidental.

En otro orden de cosas, las directrices económicas europeas se ceban en recortes del gasto público, en las privatizaciones de las pensiones y de las actividades que se relacionan con la aplicación de los servicios públicos; en políticas que garantizan los exorbitantes precios y facilidades para la rapiña de los recursos públicos a las grandes empresas energéticas, entidades bancarias, farmacéuticas, y sobre todo, las inversiones estatales multimillonarias en la financiación de las industrias de armas y en las compras de armamentos para que la máquina de la guerra no pare.

 

2.-La izquierda revolucionaria nacional y europea no puede seguir fragmentada ante el poder irracional del neoliberalismo. Es necesario recuperar los valores del pluralismo, y la democracia, el debate interno, y el centralismo democrático, como herramientas para encontrar la unidad y luchar por una nueva sociedad. Tiene que practicar la política electoral y muy especialmente, el activismo para la movilización social, no son vías alternativas entre las que elegir, sino las dos caras de una misma moneda.

El fracaso de partidos políticos europeos (SIRYZA, PODEMOS, EL BLOCO portugués, SUMAR, IZQUIERDA INSUMISA) que individualmente o en coalición formaron parte de gobiernos denominados “progresistas”, y que en cierto momento trajeron la esperanza de un mundo mejor, pero que luego cayeron en desgracia cuando decidieron integrarse en las instituciones capitalistas renunciando a las luchas por encontrar alternativas al capitalismo. Sus planteamientos iniciales de nacionalizaciones de empresas, salida de la UE, y abandono del EURO, se rompieron, fueron desperdiciadas y dejadas de la mano, y se sustituyeron por la aceptación de la perspectiva de que desde el parlamento y la representación política es posible reformar el capitalismo.  

El capitalismo ha convencido a sectores de la izquierda de que no tiene alternativa, de que su paso por este mundo es atemporal, y que sólo admite reformas que anulen parte de su funcionamiento económico y social destructivo. La aceptación de esta idea ha llevado y está llevando al colapso electoral a partidos progresistas que alguna vez tuvieron posibilidad de cambiar el rumbo de la sociedad, pero que con sus comportamientos como fuerzas auxiliares del PSOE en España han allanando el camino a la derecha, y sobre todo a las fuerzas más reaccionarias y fascistas de la sociedad. Estos partidos que tienen sus orígenes en la movilización social se inclinaron totalmente por la acción política parlamentaria. Así, en sus períodos de gobierno nunca han buscado el apoyo popular, la movilización social para defender propuestas que abrieran el camino y avances hacia una sociedad socialista. Todo lo contrario, renunciaron categóricamente a proponer políticas de nacionalizaciones bancarias e industriales, a los controles de capitales, a reformas que limitasen la explotación laboral. En todo caso, las modestas reformas que se han aplicado en los gobiernos de coalición con el PSOE en el gobierno español fueron y son rápidamente capitalizadas por el PSOE.

Sin embargo, el movimiento no se detiene y las desigualdades sociales siguen creciendo por la falta de viviendas públicas, la precarización salarial, las bajas pensiones, las ayudas sociales de miseria y la falta de recursos en los servicios públicos sanitarios, educativos, de atención a mayores y dependientes, et. También, aumentan la represión y el autoritarismo estatal, los destrozos que provoca el cambio climático y las guerras, todas estas circunstancias llevan a que millones de personas pongan en duda un sistema que tan poco favorece la vida de los seres humanos.  Todo este proceso de rechazo será posible transformarlo en algo positivo y material, si hay una unidad de las fuerzas políticas y sociales interesadas en romper con la sociedad capitalista y en el socialismo,

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