El problema de Extremadura está
en las políticas estatales que no tienen en cuenta las necesidades de la
sociedad extremeña, el gobierno regional es un mero apéndice del Estado Central
y se mueve al ritmo que aquél le marca. La transformación de Extremadura vendrá
del avance de la clase obrera, de la lucha de clases nacional capaz de
democratizar el conjunto de los territorios del Estado. La conexión de la clase
obrera extremeña con la nacional formando parte de ella, integrada en el todo
de la lucha de clases. Las luchas locales están conectadas con un objetivo
mayor derrotar a la monarquía y avanzar hacia el socialismo.
Las personas tienen que tener
claro que nadie les va resolver sus problemas, que ningún discurso de
políticos/as en el parlamento por muy buena voluntad que tengan de colaborar va
a cambiar el rumbo de las cosas. Las personas interesadas se tienen que organizar
y movilizar, es lo que la experiencia diaria nos señala que siempre ha sido así.
Las personas que se dedican a la política que realmente tengan interés en que
se resuelvan las cosas de quienes están oprimidos y humillados deben señalar el
camino de la movilización, otra cosa, no pueden hacer. Después de que la
población afectada se organice y movilice pueden venir las narrativas o los discursos
en los parlamentos. La gente afectada ha conseguido acelerar las decisiones
metiendo miedo a quienes gobiernan y eso sólo se ha logrado cuando se han organizado
y activado. Esa es la realidad de la vida, y así son las cosas por más que se
quieran ver de otro modo.
La sociedad es tan contradictoria
que cuando alguien comete un delito o causa un problema se le castiga, no se le
aplaude. En otros casos, la genta aplaude a las grandes corporaciones
económicas responsables de problemas colectivos. Los retrasos en las
construcciones de viviendas sociales o los cortes de luz y de agua que sufre la
población trabajadora suceden porque a las empresas responsables lo que les importa
es la obtención de beneficios. Luego cuando el pueblo se queja afectado por el
deterioro del servicio, en la mayoría de los casos por falta de atención, antigüedad
y falta de modernización, corren a resolver problemas que de ninguna manera
debieran haber ocurrido; resuelto la cuestión, hay quien aplaude a los
responsables de lo sufrido. No se
cuestiona un sistema privatizado y organizado para beneficiar a las grandes
empresas energéticas y constructoras. En este marco auspiciado y consentido, las
entidades públicas hacen lo posible para que nadie cuestione la organización económica
y política de los servicios. En todo caso, estimulan el aplauso para que a
nadie se le ocurra la idea de que el sistema debe ser derrotado y debe ser
transformado en su totalidad, evitando que la lucha económica se traduzca en
lucha política. No obstante, todas las formas de opresión están conectadas al
sistema capitalista y al régimen político que tenemos. Para acabar con ellas
hay que transformar el sistema.
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